¡No negarse a evolucionar!
Guadalupe Aguilar del Puerto
«Las nuevas exigencias a los sistemas educacionales demandan procesos dinámicos y flexibles, así como de profesionales capaces de propiciar aprendizajes que permitan potenciar el desarrollo y calidad de vida de sus educandos.»
Con el siglo XXI se comenzó a ver un cambio en muchos ámbitos, el aceleramiento de las tecnologías de la información y la comunicación hizo que se generara una nueva concepción en nuestra sociedad, y de ahí el nacimiento de otra generación, que surgía y evolucionaba con todos estos cambios. Así, es urgente la transformación de una visión.
Actualmente existe una problemática en la educación, ya que muchos docentes que han sido formados en el siglo XX se niegan a evolucionar y actuar según las necesidades y características de los estudiantes del siglo XXI, lo que ha suscitado conflictos en cuanto a didácticas mal aplicadas y no acorde a este tiempo. Estos generan cada vez más desinterés por parte de los alumnos, ya que no se

despierta esa emoción por el aprendizaje, al percibir la aplicación de sus técnicas como obsoletas.
Conceptos como andragogía o educación para adultos han tomado impulso en las últimas décadas, anteriormente la pedagogía era la encargada de la educación en todos sus niveles. A raíz de la preocupación de los docentes de dar una solución a las problemáticas que surgen en la educación para adultos, la andragogía sustituye este significado pedagógico y es un área relativamente nueva, aunque muchos educadores no le dan validez y se resisten a mantener a la pedagogía, siendo que esta se encuentra enfocada en la formación de los niños.
Conceptos como andragogía o educación para adultos han tomado impulso en las últimas décadas.
Cuando estamos ante procesos formativos con adultos es importante tomar en cuenta sus características para diseñar situaciones de aprendizaje centradas en ellos. La mayoría se profesionalizan con la esperanza de crecer en conocimientos, desarrollar habilidades, competencias y, sobre todo, realizarse en todos los sentidos. Es fundamental conocer sus cualidades biológicas, psicológicas, sociológicas y sus necesidades individuales: el estudiante adulto tiene una madurez psicológica en la que es consciente de lo que hace, por qué lo hace y sus consecuencias.
Castillo (2022) menciona que los conocimientos adquiridos los primeros años de educación pierden su valor con el tiempo. Así, en la edad adulta se tiene conciencia y se encuentra utilidad a lo que se aprende, el adulto está en constante actualización y en búsqueda de incrementar sus conocimientos, esa es su motivación.
Según Rogers (s.f citado por Castillo, 2022), la primera motivación del alumno que se inscribe en una institución es la de realizarse profesionalmente, de ampliar sus conocimientos y habilidades y, sobre todo, sus competencias. El adulto que se vuelve estudiante tiene plena conciencia de qué quiere, para qué lo quiere y los beneficios que pueden traer sus decisiones, por lo mismo tiene la libertad de elegir dónde, cuándo y con quién realizarlo.
Knowles (2006) menciona tres puntos que sirven de referencia para identificar las necesidades de aprendizaje de los adultos: el primero es elaborar una imagen y un modelo de la competencia que se quiere adquirir, el segundo es hacer un inventario o un listado de los conocimientos previos que el adulto posee y como tercer y último punto se encuentra evaluar lo que aún le falta por conocer y aprender.
Cuando estamos ante procesos formativos con adultos es importante tomar en cuenta sus características para diseñar situaciones de aprendizaje centradas en ellos.
Malcom Knowles, considerado el padre de la andragogía, la define como el arte y la ciencia del aprendizaje de los adultos, y sugiere que la principal diferencia entre la pedagogía y la andragogía, es que en la primera hay un proceso de enseñanza y por lo tanto la educación es guiada; en la andragogía, el estudiante tiene conciencia de sus experiencias, conocimientos previos y se motiva a aprender cuando experimenta, le encuentra significado y utilidad a lo que está aprendiendo.

Knowles (como se citó en Castillo, 2022) menciona que en primer lugar, el aprendiz necesita saber por qué tiene que aprender algo antes de someterse al proceso de aprendizaje. En segundo lugar se encuentra el auto-concepto, en tercero, la experiencia de los participantes, los adultos tienen más conocimientos acumulados. En cuarto lugar, se debe considerar la disponibilidad de aprender, al tipo de conocimiento que recibirá debe encontrarle significado y utilidad en la vida cotidiana. En quinto lugar, es la orientación hacia el aprendizaje, donde el curso o la clase debe permitirle obtener conocimientos, destrezas, habilidades, valores y actitudes en un contexto de aplicación de la vida real.
Las nuevas exigencias a los sistemas educacionales demandan procesos dinámicos y flexibles, así como de profesionales capaces de propiciar aprendizajes que permitan potenciar el desarrollo y calidad de vida de sus educandos. El facilitador andragogo (docente) no va a enseñar y no va a dirigir y, aunque tiene la responsabilidad de la clase, su objetivo principal es orientar el aprendizaje. En la andragogía no se habla de un proceso de enseñanza-aprendizaje, sino de un proceso de orientación–aprendizaje que, a diferencia del de la pedagogía, no es dirigido sino acompañado. En las palabras de Castro (2022) citado por Castillo (2022), el andragogo es un educador que, conociendo al adulto que aprende, es capaz de crear ambientes educativos propicios para el aprendizaje y es quien le proporciona ayuda educativa.
Esto tiene como principal objetivo emancipar al estudiante, ya que pasa de ser un ente pasivo a uno activo y para que se dé este proceso es de vital importancia la actitud del facilitador y que se adopten acuerdos que favorezcan y faciliten el aprendizaje, tomando en cuenta los rasgos más sobresalientes de los adultos como la autonomía vital, tener el concepto de sí mismos, ser capaces de auto dirigirse, su papel social en la toma de decisiones y la asunción de responsabilidades económicas y cívicas. El adulto forma parte de la población económicamente activa, tiene una función productiva y actúa independiente en sus múltiples manifestaciones de la vida.

Para finalizar es importante mencionar a Malcom Knowles, Adolfo Alcalá y Manuel Castro Pereira, los tres principales autores que han aportado a la construcción de la andragogía, sus teorías sientan las bases de esta disciplina, ciencia o arte de ayudar a aprender a los adultos.
Referencias:
Castillo, F. (2022). Andragogía: Procesos formativos entre adultos. Carteles Editores. Knowles, M. (2006). Andragogía. Oxford.
