Mujeres en la industria de hidrocarburos en México

Daniela Matías Sánchez 1 | Dora E. Ramos Muñoz 2

La expropiación petrolera en México originó la retadora transición de una industria organizada y estructurada por extranjeros a una estatalizada y resultante de una lucha sindical. En tanto que, el proceso de nacionalización del petróleo y la fundación de Petróleos Mexicanos (PEMEX) “… devino de la disposición del gobierno de Cárdenas por intervenir en la relación entre capital y trabajo, [priorizando…] poner en manos de los trabajadores las fuentes de riqueza y los medios de producción” (Meyer, 2009, p. 178). Esa condición ayudó a que el Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM) adquiriera reconocimiento legal en 1935. Acto que impulsó a quienes trabajaban ahí de responsabilizarse por mantener en marcha la industria petrolera en esos retadores primeros años. Este hecho colocó al trabajador petrolero bajo la imagen de un héroe nacional, porque estaba forjando patria. Ese reconocimiento aportó mucho en el proceso de consolidación del primer contrato colectivo de trabajo (CCT) con PEMEX en 1942.

Mujeres en la industria de hidrocarburos en México

A la industria nacional petrolera se le cruzó el heroísmo, el CCT y el proyecto nacional del Estado Benefactor. Este buscaba, mediante la política económica de sustitución de importaciones, crear una estructura de atención a la salud, la educación y, además, consolidar una lógica familiar: el imaginario del hombre proveedor y la mujer como reproductora de la mano de obra. Se fortaleció así una certeza social, no solo un programa gubernamental, que, en el caso de la industria petrolera, permitió la idea de la familia petrolera (Rojas et al., 2020).

La idea de familia petrolera llegó a establecer en el contrato que un agremiado(a) del STPRM heredara su puesto de trabajo a un familiar. Conviene reconocer el contexto de riesgo del trabajo de extracción petrolera y que heredar el puesto aseguraba al trabajador(a) que su familia mantendría ingresos económicos (Novelo, 1991).

Esa lógica familiar contribuyó con la expansión de la industria petrolera entre 1970 y 1980 al sur de México y ayudó a movilizar a las familias petroleras a los nuevos centros de trabajo, dado que esas personas poseían la formación y las capacidades requeridas para la producción. El sindicato tomó un fuerte rol en las nuevas contrataciones, por ello secciones completas se trasladaron a los enclaves productivos del sur, p.e. Ciudad Pemex.

Pero ni el formato familiar ni el sindicalizado fue suficiente para proveer la fuerza laboral idónea ante el auge productivo de 1980. Esto condujo a la apertura de canales académicos o de instrucción técnica, en los cuales también ingresaron mujeres. Esta situación incentivó la división de la estructura laboral entre altos niveles productivos, trabajadores de confianza, y aquellos dedicados al mantenimiento y construcción de la industria, base sindical.

La expansión de PEMEX y la familia petrolera fortaleció la imagen del hombre como trabajador ideal, limitando al cuerpo femenino la actividad de procrear y cuidar de la fuerza de trabajo. Esta labor ha sido cautivada como un acto de amor, y por tanto gratuito, para la empresa y el STPRM (Federici, 2010; Matías, 2024).

Pese al ideal, cada vez hay más y más mujeres trabajando en PEMEX, solo en 2018 su presencia era ya de un 28%. Esta inclusión se ha fortalecido con la creación en 2015 de la Gerencia de Inclusión, misma que se enfoca en diseñar y proponer programas y acciones en materia de inclusión, igualdad y no discriminación de grupos poco representados en esta empresa (Matías, 2024).

Existe evidencia de trabajadoras desde 1942 bajo categorías de oficinista o afanadora. En tanto, los puestos en el área técnica productiva se hicieron sustantivos a partir de la primera reestructuración de PEMEX en 1992, presentando auge en 2008; ola que se puede vincular con algunos programas de género que comenzó a adoptar la empresa.

Nuestras investigaciones registran que las trabajadoras agremiadas al STPRM han ingresado motivadas por la seguridad laboral que provee el CCT. Desde el acto de heredar un puesto laboral a un familiar y a prestaciones sociales como guarderías, becas escolares, bonos de productividad, servicio médico, entre otros (Matías, 2024). Esta seguridad en el sureste de México ha permitido a las trabajadoras encarar los gastos del hogar, garantizar el cuidado de los hijos(as) e incluso su posible futuro laboral, especialmente para quienes se asumen como madres solteras.

Las trabajadoras con profesión de ingenieras y contratadas por PEMEX bajo el régimen de confianza poseen un escenario distinto. Primero, en los años 70, la empresa aceptó contratarlas ante la falta de cuadros técnicos en el sur para sustentar la productividad. Segundo, ellas ingresaron para desarrollarse en su profesión. Este proceso fue abonado por un mayor egreso de mujeres con ingeniería, carreras antes totalmente masculinas (Ramos, 2024).

Las motivaciones de ambos tipos de trabajadoras son distintas, pero su presencia abarca áreas impensables en PEMEX; aun así, su participación es limitada y contenida en los niveles o categorías más bajas. Es decir, independiente del nivel o categoría laboral, sindicalizada o de confianza, obreras o ingenieras, todas son observadas bajo el modelo de diferencia sexual binario donde el cuerpo femenino es comprendido desde la actividad de procrear y cuidar de la fuerza de trabajo. Esta mirada de género en PEMEX fortalece la imagen del héroe petrolero, imagen que, a su vez, desdibuja en los hombres trabajadores sus responsabilidades como padre, esposo, hijo, hermano, etc. Entonces, ¿cómo erradicar la segregación por género en la industria petrolera? ¿Cómo superar la imagen de familia y héroe petrolero?

1 Investigadora posdoctorante de El Colegio de la Frontera Sur, Grupo Estudios de Género, Departamento Sociedad y Cultura.

2 Investigadora de El Colegio de la Frontera Sur, Grupo Estudios de Género, Departamento Sociedad y Cultura

Referencias 

Federici, S. (2010). Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria. Traficante de sueños.

Matías, D. (2024). Dos reformas, dos perfiles. Ingreso de mujeres en la refinería. En E. Belmont, E. Martínez, y G. Rojas, El eclipse del sector energético en México. Repercusiones locales, organización y cultura obrera (pp. 351-370) [Manuscrito inédito]. CIESAS.

Meyer, L. (2009). Las raíces del nacionalismo petrolero en México. Océano.

Novelo, V. (1991). La difícil democracia de los petroleros: historia de un proyecto sindical. CIESAS.

Ramos, D. E. (2024). La vida familiar y laboral de diez mujeres ingenieras en la industria petrolera mexicana. En E. Belmont, E. Martínez, y G. Rojas, El eclipse del sector energético en México. Repercusiones locales, organización y cultura obrera (pp. 401-422) [Manuscrito inédito]. CIESAS.

Rojas, G., Martínez, E. y Belmont, E. (2020). Transiciones en los trabajos de hombres y mujeres ante la desestructuración del sector energético en México. Revista Interdisciplinaria de Estudios de Género de El Colegio de México, (1)6, 1-33. https://doi.org/10.24201/reg.v6i0.501