La sabiduría de las mujeres y de los pueblos frente al terricidio
Wendy Juárez
Reconocer la participación de las mujeres indígenas en áreas de conocimiento ha implicado un largo recorrido, aunado a ello, los saberes comunitarios han sido constantemente menospreciados o negados por sistemas de validación e instituciones como la misma ciencia o la academia. En México, solo el 1% de la población con doctorado habla alguna lengua indígena y de esta cifra el 0.037% son mujeres (Hernández y Hernández, 2023). Ser mujer, indígena y

joven es uno de los mayores desafíos en la sociedad actual.
Desde tiempos coloniales hemos atestiguado la destrucción de nuestros sistemas de saberes y conocimientos. El Estado Nación ha hecho uso de distintas herramientas para la exclusión de los saberes comunitarios, una de ellas ha sido la escolarización. La primera lección aprendida en el sistema educativo era el olvido de lo propio, estaba prohibido hablar alguna lengua indígena, eran tiempos de castellanización. Las generaciones posteriores dejaron de hablar la lengua por miedo a estas sanciones y en muchos casos también dejaron de enseñarla, previniendo la misma discriminación para las siguientes generaciones. Hablar una lengua indígena era equiparable a ser analfabeta. Han tenido que pasar casi cien años para vislumbrar que la alfabetización no es el único medio para la creación epistemológica y reconocer que los sistemas de tradición oral son también válidos como generadores de conocimiento. Muchos saberes comunitarios, resguardados en la tradición oral, están relacionados con la agricultura y los ciclos de siembra, la medicina y el uso de diversas plantas, mismas que son estudiadas para diseñar los medicamentos utilizados hoy en día. La doctora Zoila Mora Guzmán, originaria de Cuicatlán, Oaxaca, comparte que al menos 80% de los medicamentos usados para el tratamiento del cáncer provienen de la etnomedicina (Hernández y Hernández, 2023).
Los pueblos originarios han sabido convivir y compartir su sabiduría con occidente, con los muchos investigadores que se acercan a las comunidades para desarrollar sus estudios, pero, ¿ha sabido la academia corresponder esta apertura?
“ACTUAR NO ES SÓLO URGENTE SINO INDISPENSABLE”
En 2018 se dio a conocer un caso de biopiratería en la Sierra Mixe de Oaxaca, producto de un estudio realizado por la Universidad de Wisconsin y patrocinado por Mars Incorporated (Páramo, 2022). Este estudio se realizó en Totontepec, donde los científicos se sorprendieron al encontrarse con el maíz olotón, una variedad que transforma el nitrógeno del aire y por ello es capaz de fertilizarse sin ayuda humana. Al saberlo, la transaccional Mars decidió hacer lo posible por patentarlo y reclamar su propiedad intelectual. De esta manera se estableció un convenio que otorgó permiso a la empresa para recolectar muestras biológicas del maíz y extraerlas de México con fines comerciales.

La defensa del maíz olotón ha reflejado la disputa entre la lógica de occidente frente a la comunalidad (Carreón y San Vicente, 2011). Donde unos defienden el desarrollo mercantil y el avance científico a costa de cualquier precio, otros están defendiendo la vida y los saberes comunitarios invaluables.
Esta disputa no es nueva. En 1960 Estados Unidos impulsó la llamada Revolución Verde, se introdujeron supuestas semillas mejoradas acompañadas del uso de agroquímicos, que poco a poco envenenaron y empobrecieron la tierra. Se decía que la ciencia había mejorado las semillas dadas por la naturaleza. Más adelante se supo que eran semillas transgénicas, es decir, organismos vivos alterados genéticamente y que por lo tanto son estériles, no se pueden reproducir, a diferencia de las semillas nativas, cuya eficiencia y adaptación a los cambios climáticos son mucho mejores que las supuestas semillas mejoradas.
La ilusión patriarcal (Von Werlohf, 2015) consiste en suplantar la vida, haciéndonos creer que por sí misma no es suficiente. La devastación del planeta es producto de esta ilusión. Moira Millán, autora mapuche, ha hecho hincapié en el terricidio que enfrentamos actualmente, refiriéndose a la destrucción de la vida que excede el mundo tangible (Millán, 2021). Actuar no es sólo urgente sino indispensable y las mujeres indígenas lo hemos hecho desde hace tiempo, pero es necesario estrechar lazos, desde el respeto por lo que somos y la diversidad de nuestros saberes. Hoy estamos presentes en espacios académicos, sociales, políticos, científicos, entre otros. Reafirmamos nuestra existencia en estos lugares, pero nuestra palabra requiere ser escuchada para hacer posible el diálogo, no sólo de saberes, sino de vivires, en un mundo patriarcal que se empeña en atentarcontra la vida.
Referencias
Carreón, A. R., y San Vicente, A. (2011). La disputa por el maíz. Comunalidad versus mercantilismo en el debate por el maíz transgénico en México [Tesis de maestría, Universidad Autónoma Metropolitana]. Xook, Repositorio institucional de la UAM-Xochimilco. https://repositorio.xoc.uam.mx/jspui/bitstream/123456789/978/1/125017.pdf
Hernández, P. y Hernández, P. (2023). Mujeres indígenas, protagonistas en la Ciencia de México. La Data Cuenta. https://ladatacuenta.com/2023/02/24/mujeres-indigenas-protagonistas-en-la-ciencia/
Millán, M. (2021). Terricidio. La voz de quienes cuidan la tierra tiene mucho que decir. Proyecto Ballena. https://proyectoballena.cck.gob.ar/moira-millan/
Páramo, O. (2022). Maíz olotón, en la mira de empresas transnacionales. Gaceta UNAM. https://www.gaceta.unam.mx/maiz-oloton-en-la-mira-de-empresas-transnacionales/ Von Werlohf, C. (2015). ¡Madre Tierra o Muerte! Reflexiones para una Teoría Crítica del Patriarcado. El Rebozo.