Escribir para existir: publicación de ensayo y memorias

Sofía Martínez Ruiz

Cuando era estudiante universitaria, leí por primera vez un libro que modificó la manera en que me relacionaba con mis sensaciones y percepciones, experimentaba una nueva forma de encontrarme con mi realidad. Una de las tantas frases que llamaron mi atención fue: “Una de las pruebas de maestría de los escritores, especialmente de los poetas, es su capacidad de describir olores. Si no pueden describir el olor de santidad en una iglesia, ¿Cómo confiar en sus descripciones de los suburbios del corazón?” (Ac- kerman, 2000, p. 35).

Sin duda, esa idea despertó mi curiosidad: ¿sería capaz de describir un olor en especial? Esto lo relacionaba con la importancia de transmitir mis ideas, y a la par, aprender a acompañar a las personas sin juicios. Presté especial atención en aprender a estructurar mis ideas a través de la escritura y la materia de investigación tomó otro matiz para mí.

Cuando terminé la carrera me titulé por tesis y realicé algunos trabajos de investigación en el lugar donde laboré por varios años, solo que siempre hubo un detalle: nunca me animé a publicar. Sabía que tenía carencias en mi metodología, y por diversas situaciones profesionales y personales me alejé de la investigación sin darme cuenta. Aún así seguí escribiendo como una forma de reflexionar no solo en lo personal, sino también en mi actuar profesional. Fue muy útil para la revisión de casos, para estructurar expedientes clínicos y para planear mis intervenciones; a nivel personal resultó catártico.

Cuando en 2021, se abrió la convocatoria para escribir un ensayo y participar en la publicación del libro colectivo Ser docente en tiempos de pandemia, no lo dudé, tenía la necesidad de plasmar mi proceso introspectivo para abrirme un nuevo camino en el ámbito de la docencia y no solo en lo clínico. La experiencia fue sin duda gratificante.

Meses después llegó una nueva oportunidad: escribir sobre mi personal como cuidadora informal para participar en la publicación de un libro de cuidadoras que se atreven a contar su historia. Era una excelente forma de, no solo escribir y resolver preguntas interiores, sino también continuar con la visibilización ante la sociedad de la tarea titánica a la que nos enfrentamos y que el testimonio se pudiera convertir en un aliciente para los profesionales de la salud. Por otro lado, también ha sido la oportunidad de generar investigación y nuevos recursos para apoyar el bienestar general de cada cuidadora, siguiendo el aforismo de Hora: “para conocerse a sí mismo, hay que ser conocido por otro. Y para ser conocido por otro, hay que conocer al otro” (Hora como se citó en Watzlawick, 2003, p. 219).

Es así como nació el relato Luz y esperanza: cartas de una cuidadora, ganando el segundo lugar en los premios DEMAC 2022. Con ello confirmé que la escritura, en sus diversos matices, sana e impulsa a la humanidad.

Referencias

Ackerman, D. (1992). Una historia natural de los sentidos. Anagrama Watzlawick, P. (2003). ¿Es real la realidad? confusión, desinformación, comunicación. Herder.