Esa primera vez que casi maté a alguien
Javier M.
Suena extremo decir en voz alta matar y casi nunca lo digo, es por eso que me impactó más cuando dije: “es la primera vez que casi mato a alguien”.
Normalmente pienso en muchos escenarios, en posibilidades y en acciones antes, durante y después de llevar a cabo una acción. Esta vez fue bastante parecido y muy diferente. Fue un segundo, un instante en el que mi cabeza se desconectó y perdió el control.
Iba en moto de regreso a casa, siempre uso casco porque antes de subirme pienso que tal vez ese día podría chocar o caerme. No iba demasiado rápido y estaba a unos 5 pasos del tope, cabe mencionar que no me gustan los topes y la verdad es que aún no aprendía a pasarlos bien; por eso, prefiero usar el espacio que hay entre la terminación del tope y la banqueta. A esa distancia,

en ese momento, durante un segundo, pasaron por mi cabeza muchos pensamientos: debo pasar ahí (más como una narración o una indicación a mi cerebro), atrás viene un carro (es negro) que viene manejando una señora (“se ve tranquila”, un pensamiento que fue un recordatorio y una observación detallada) y la pregunta que pude haber respondido solo: ¿por qué las personas no usan la banqueta y caminan en el paso de los vehículos?
Antes de seguir acumulando cosas y comentarios en mi cabeza hubo un corto circuito, un segundo en el que se apagó la fábrica de indicaciones y se reinició todo, en un parpadeo pasé de estar a cinco pasos del tope a estar al lado de él. Pero en ese momento se reinició todo, me espanté porque fui consciente que estaba manejando la moto, que iba solo, que se había apagado todo y que estaba atrás de un señor, alguien a quien vi y quien motivó mi pregunta. Este sujeto estaba caminando tranquilamente en el camino de los vehículos. No supe qué hacer, no frené a tiempo y, por lo menos, no aceleré más de lo necesario. La moto siguió avanzando sin que alguien, aparentemente, la manejara. El señor estaba bien, el pedal de freno le pegó levemente, en la pantorrilla. Pero yo estaba en el piso con la moto encima de mí, encendida, con el hombre viéndome y un carro negro que noté hasta que traté de levantar- me y lo vi a centímetros de mi cabeza. Logré ponerme de pie y vi que había más personas.
Estaba espantado, casi en shock y lo primero que se me ocurrió fue pedir perdón, le dije en repetidas ocasiones al señor que me perdonara. Me gritó, preguntándome si no me estaba fijando, si me había dormido o si estaba bien (evidentemente no preguntaba si estaba bien por haberme caído, se refería a si me encontraba en mis cinco sentidos). Estoy seguro que iba a preguntarme si no estaba drogado, pero creo que observó el miedo en mis ojos, por lo que bajó el volumen de su voz y siguió cuestionando si me estaba quedando dormido o qué estaba pasando conmigo.
Justo después dijo: ¿No me viste? ¿No estoy subiéndome a la banqueta? Ahí fue cuando todo volvió a la normalidad, el Javi de siempre se reconectó y le respondí totalmente serio: “No, usted estaba en la calle”. Tal vez la seguridad con la que hablé fue suficiente para que entendiera que, aunque debía estar más al pendiente de los peatones, él estaba mal por caminar en la carretera. Se fue enojado, seguro con un poco de dolor. Me quedé ahí un rato más, en la moto, sentado, tratando de explicarme por qué pasó todo eso. Nadie se acercó a mí, nadie me preguntó si me sentía bien después de todo. Las personas seguían ahí y nadie hizo nada por mí.
Al final solo podía pensar en que la vida, pero específicamente mi vida está llena de momentos interrelacionados. Me acordé de varias frases, los clásicos: ten más cuidado, eso le pudo pasar a cualquiera, ¿qué hubieras hecho tú?, vive la vida como si no hubiera mañana. Creo que nada de esto tiene sentido en un momento así, porque todo es confuso y todo se vuelve complicado en un segundo, pero lo que sí tuvo sentido, luego de pensar mucho fue que, si algo en mi cabeza hizo que perdiera el control, por corto que fuera el momento, debo arreglarlo antes de que pase otra vez. Porque esa fue la primera vez que casi maté a alguien, pero la siguiente podría ser la primera vez que mate a alguien.