Entrega inevitable
Manuel Castillo Reyna
Recuerdo con absoluta claridad esa última tarde de verano en la ciudad de las desilusiones. Me encontraba recostado sobre el suave césped verde del parque, contemplando el azul del cielo. Sin embargo, mi mente estaba plagada de una tormenta de dudas que me impedía concentrarme en darle formas graciosas a las nubes. Siempre me ha gustado enfrentar mis conflictos internos en lugares cálidos y apartados, ahí puedo observar cómo las personas siguen el transcurso de sus vidas. Pero esa tarde, no había mejor visión, unos alambres de oro estaban siendo ondeados por el viento. La belleza del ser humano daba sentido a mi existencia y elevaba mi espíritu hasta las constelaciones.
En esta historia, no es relevante responder a la pregunta de quién soy. Aunque para muchos escribir sobre el amor puede parecer banal y cliché, pero ¿por qué reprimir nuestros sentimientos? quiero hablar de la persona que ha

conquistado mi mente. Durante meses enteros, le he dedicado poemas de amor al rayo de luz esperanzador que se encargaría de iluminar mi camino en la fría oscuridad, hoy creo saber quién los recibirá muy pronto.
Anhelo con todas mis fuerzas que estas palabras lleguen a tus manos en este preciso instante, para que puedas leer todo lo que siento por ti. Sin embargo, esta noche siento que el barco va a la deriva. Mi habitación es testigo de cómo me inundo de incertidumbre y desconfianza en mí, mientras imploro al ser que me ha dado la vida una nueva oportunidad en este mundo. Esta noche, justo esta noche, el miedo a la fría oscuridad del invierno se apodera de mí una vez más.
Permíteme adelantarte lo que sucederá en las próximas veinticuatro horas. Mañana, cuando te despiertes, te faltará el aliento y, en ese preciso momento, apareceré en tu mente provocándote confusión. Seguirás tu rutina diaria, resplandeciendo como la lava de un volcán en erupción frente a tu espejo. Sin embargo, todo se interrumpirá al mediodía cuando el cartero llame a tu puerta, justo antes de que te dirijas al colegio. Con su voz amable, preguntará por ti y te entregará un sobre que contendrá una hoja repleta de coordenadas. Cada poema estará escondido en uno de los rincones más hermosos de la ciudad.
Mi nombre estará impreso en tinta rosa y, al leerlo, revivirás las sonrisas que nos regalábamos mientras nos cruzábamos en los pasillos de nuestra institución. Sé que te dabas cuenta de cómo te observaba, pues mi admiración por tu belleza era tan obvia que no podía ocultarla. Estoy de vuelta en casa después de dejarte en la puerta de tu hogar, este pequeño cuento de amor y despedida. No tienes idea de la maravillosa sinfonía que orquesta la naturaleza a nuestro alrededor, te das cuenta de esos bellos sonidos cuando estás por despedirte del mundo. Solía aborrecer el canto de los pájaros al amanecer, pero en este momento, respeto el sonido que sale de su siringe. Fueron como las siete trompetas del apocalipsis en mi camino anunciando un final inminente, siento que tus pasos detienen los míos y la vida se convierte en un infierno para mí.
En mi hogar, los perros me esperan ansiosos. Un colchón sucio en el suelo, en el cual escribí la mayor parte de los pasajes de mi vida. Por último, también sé que me espera un ser de otro mundo. Solo quiere que me acerque al frente del espejo de mi habitación para ofrecerme un frasco de pastillas. Estoy seguro de que él me pidió que fuera a despedirme de ti, ya que tú eras la única razón por la que seguía de pie.