El día de muertos
Alan López Ruiz
“Ya se siente el frío de noviembre”, dice la gente… el cempasúchil tiñe de naranja las calles de Oaxaca, se empieza a ofrendar el pan de muerto, las calaveritas se murmuran entre la picardía del mexicano que danza con la muerte.
El Día de Muertos es un evento representativo de México. Es una manifestación cultural de gran significado e impacto que en la actualidad, mezcla un sinfín de culturas donde ninguna se impone sobre la otra y gestiona la forma con la que los mexicanos tratamos con la muerte en tiempos de modernidad. A este proceso de mezcolanza lo denominaremos sincretismo o hibridismo culturales. Se forja en la lengua, lo inmaterial, imágenes cotidianas plagadas de simbolismos y la representación social que nosotros a través del tiempo vamos confeccionando. Jodelet (como se citó en Moscovici, 1984, p. 473) concuerda que la representación social es un

“conocimiento que se constituye a partir de nuestras experiencias, pero también de las informaciones, conocimientos, y modelos de pensamiento que recibimos y transmitimos a través de la tradición, la educación y la comunicación social”.
El Día de Muertos en Oaxaca es una celebración popular e importante para la cultura mexicana que, con el paso del tiempo, se ha convertido en una mezcla de sabidurías que lejos de repercutir u olvidar, brinda al espectador la posibilidad de cautivar la pupila a través de sus diversas representaciones.
Tradicionalmente, como apreciamos en la Figura 1, el Día de Muertos se representa bajo la premisa de La Catrina muy al estilo de la gráfica del pintor y caricaturista José Guadalupe Posada, quien a través de sus creaciones acerca al mexicano a la posibilidad de conceptualizar la muerte bajo una mirada artística, una idea sobre su representación que acompaña la forma de mirar el proceso cultural sobre la muerte entre los mexicanos.
El concepto de sincretismo, como nos lo refiere Peter Burke en su libro Hibridismo cultural “nos lleva a examinar en qué medida se fusionan los diversos elementos y a un tema de estudio muy interesante: el peso específico de cada ingrediente” (Burke, 2010, p. 104).
Es decir, si observamos detenidamente la Figura 2, podemos apreciar dos formaciones culturales: una apropiada y otra de origen, cada ingrediente dosificado para la formación de un concepto cultural mezclado sin que alguno irrumpa la tradicionalidad o este pase inadvertido. En la fotografía vemos un tiliche, personaje de Putla Villa de Guerrero que hace referencia a los hombres de clase baja que salían de fiesta con “apenas un trapo encima” (Barrera, 2022, párr. 6), y una máscara de zombi o monstruo, típica de la celebración estadounidense de Halloween que se entreteje con un peso específico que brinda la posibilidad de apreciar nuevos matices y que con el paso del tiempo se incorporan para darle un sentido distinto a la celebración.

Para concluir, Malinowski afirmaba que aprender lo que es una cultura que nos es ajena, es como aprender una lengua extranjera (Burke, 2010, pág. 105). El Día de Muertos en México mantiene ideas de muchos parajes y es un país que adopta lo que mira y crea una mezcolanza propia y transformadora.
Referencias:
Burke, P. (2010). Hibridismo cultural. Ediciones Akal.
Barrera, H. (2022, 11 de julio). ¿Qué es un tiliche? Tradición de Oaxaca a la que hizo honor el perrito Mazapán. SDPno-ticias. https://www.sdpnoticias.com/estilo-de-vida/que-es-un-tiliche-tradicion-de-oaxaca-a-la-que-hizo-honor-el-perrito-mazapan/
Moscovici, S. (1984) Psicología Social II. Paidós