Diábolo
Karla Estefanía Martínez López
El arcángel Gabriel pelea dentro de mí,
con espadas, vendas en las manos
y los ojos hundidos en ti.
Sin prisa de años
y a paso lento de los daños,
porque ayer era domingo y tenía 16,
porque el tiempo pasa, pero no me abraza.
Hemos de mirarnos sin vergüenza,
en el delirio nocturno de grandes ojeras
y poesía bendita curada de amor,
pero no de tristeza,
sin brújula moral, ni sentencia que interceda.
Deja que el dolor se pierda en la hierba seca
y embriágate del pecado que condena,
porque es en la oscuridad donde la mente se desnuda,
y el alma se doblega,
llena de gracia, sin adorar a los profetas.
Porque en tiempos de cólera le volví loco,
con sonrisa que baila poco
y se enreda en nostalgia vieja,
a la espera de la eternidad.
Testaruda y sin remedio,
a merced de libre albedrío,
porque el clima no es muy bueno,
pero se mira bien cuando nos hacemos los ciegos.
Porque a veces me siento perdida,
brillante y rota,
aislada bajo las sábanas
y el perro que ladra en la esquina,
el Cristo moribundo me mira
y dice: “Bienaventurados los que olvidan”.
